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F14 La convención

Después de una intensa gira de trabajo, me tocó rematar en F14 La Convención, en Querétaro. Un evento ideado por el buen Carlos Alonso, un tipo que comenzó a romper esquemas en la foto de bodas hace algunos años, y que fue puntero en lo que no tiene nada que ver con la foto convencional; le gustan las cosas bien hechas y espectaculares, como sus fotos, y por eso el evento se realizó en el Teatro Alameda, un teatro ubicado entre calles y casonas en el centro histórico de la ciudad; un pedazo de arte puesto para nosotros, un escenario que hasta sin gente impone. Tan solo había que entrar al teatro para que incrementara el ritmo cardiaco.

De día fueron los talleres, por la tarde conferencias donde presentamos 14 personas. Por primera vez tuve la oportunidad de ver y escuchar todas las conferencias de un evento como este, y gracias a eso tuve oportunidad de conocer aún mejor a estos locos que orquestaron una sinfónica de historias, ejemplos de vida, creatividad y experiencias.
Tengo que decir que disfruté mucho la compañía de los 14 invitados, los dos extras (aunque el Ben se escapó rápido) y los participantes que tuve oportunidad de conocer. La mejor parte de estos eventos es cuando te relacionas con los demás; dicen que el cerebro comienza a funcionar cuando te levantas y deja de funcionar cuando entras a la oficina. Acá no es el caso, el hamster comienza a dar vueltas desde la mañana, en el desayuno, o si compartes cuarto con amigos afines las pláticas resultan interminables.

Me tocó compartir cuarto con William Sanchez; desayunar con los Sosa (Lifetime), Itzel, Lalito, Carlos, Arturo, Los Romero, Mr. Souza; comer con Tania (y el Compeán), Lázaro, team Sosa, amigos que tengo de hace ya tiempo y que es bueno siempre verlos y compartir aunque sea de manera exprés algo de tiempo. Con ellos también esperamos 40 minutos por unas tortas sin gran aporte a la gastronomía mexicana y lo que afectó prácticamente el resto de la primer gran velada.

El segundo día por fortuna Diana Chávez nos llevó por el buen camino hacia unos puestos de comida en el centro, a unos 10 minutos a pie del teatro y donde había una excelente variedad para gustos y géneros; tamales, tacos y lo que vendría siendo el descubrimiento más grande, los jarritos del apodado por #fuerzalaz “ssssseññor jarrrriteeeerooooo!”, una bebida mágica servida en vaso de barro con jugo de naranja natural, squire, chile y sabe cuánta cosa más. Al día siguiente repetimos la dosis, pero esta vez con tequila, gracias a las vísperas de las fiestas de la guadalupana.

Después de una dotación de tamales y jarros, nos fuimos a buscar el legendario y ahora extinto bar del “elvis”, un bar que en pasados eventos resultó épico, no solo por los pósters impúdicos que había en los baños, por el Elvis en dimensiones humanas que estaba al centro del bar con brazos extendidos y con el que todos nos golpeábamos al pasar, o por su nalguita en supuesto movimiento, sino por que era el único bar abierto a esas horas, y donde por mas o menos 10 pesos comprabas a un vendedor ambulante una torta de tamal a las dos de la mañana. Buscamos un poste con las firmas de todos cuando finalmente dimos con el lugar, el lugar había sido clausurado. No entendíamos tal pérdida.

Nuestro guía de bares “Ray” el local, nos llevó finalmente por el camino del bien, durante 20 minutos de caminatas en el frío y con un jarrito entre los dedos congelados, nos llevó hacia la cantina “LA COLECCIÓN”, un lugar más rústico de lo que uno se puede imaginar, lleno de vitrinas con carros diferentes de juguete. Una colección que para los amantes de los automotores resultaría atractivo. Lo atractivo era que servían comida que ni por las orejas entraba y cerveza bien fría, dos por uno, pacífico afortunadamente, los dedos no se habían caído, se comenzaron a mover cuando llegó la cerveza y se acabó el jarrito. En ese mismo lugar fue la fiesta de clausura.

El buen Toby después de varios años, se dignó a tomar cerveza con la raza (siempre se pierde) como Beto del Toro que se duerme temprano (y el Mardueño). Big Toby, resultó ganador de un no publicitado concurso de cerveza, hasta en cámara lenta se acabó rápido 355ml de la bebida del hombre. La botarga que se apoderó del niño (como el dice), o el niño de la botarga se las ingenió para fabricar un instrumento que le ayudaría a pasar con eficacia y de manera audaz el elixir de las noches, el bar explotó, brotaron lágrimas de felicidad.
Gracias Alonso, eres grande! gracias Arturo y Ana por las atenciones!

Gracias Ray “el guía de bares”, Tamara, Dany “tarantino” Díaz, Marco Valdés, Tania, Compeán, Lázaro, Itzel, Lalito, Sadot, Xavi, Los RoRos tan estimados, mi roomie “Justin” Sánchez, mi exroomie del tour Beto, Mardueño, Garván, Muriel, Toby, Memo, Ben (aunque se fue), y Dianita. Gracias 14s por abrirse de esa forma y compartir.

Por último, decidí no tomar ninguna foto en el evento, preferí vivir y disfrutar momentos con grandes personas y amigos. Aquí unas fotitos
que me permití tomar de las páginas de algunos participantes, amigos y conocidos:

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